Chichigalpa | Karla Rivas | 24.03.2025 | 10:28
La Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA), fue una campaña de alfabetización masiva que se llevó a cabo en Nicaragua en 1980. Esta iniciativa fue promovida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), logrando movilizar a 95,582 jóvenes y maestros, quienes recorrieron el país llevando la luz del conocimiento a quienes más lo necesitaban.
Entre esos jóvenes movilizados, se encontraba Lidia Mariana Calero Gutiérrez, quien, a sus 20 años, emprendió un viaje que cambiaría su vida y la de muchos más. Con una mochila cargada de ilusión y responsabilidad, partió hacia la comunidad Sirama Norte, en Chichigalpa, como parte de la Cruzada Nacional de Alfabetización. La incertidumbre de la misión encomendada era grande, pero su convicción aún mayor. No dudó que harían algo significativo. Con dedicación y entrega, enseñó a leer y escribir a 14 protagonistas y, junto a su grupo de seis personas, lograron alfabetizar a más de 70 jóvenes y adultos de la comunidad.
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Entre sus recuerdos más preciados, conserva una fotografía de aquellos días, donde aparece junto a sus compañeras alfabetizadoras. Con nostalgia y orgullo, expresa: “Fue una experiencia enriquecedora que nos enseñó sobre solidaridad. Enseñábamos en condiciones de pobreza, usando una pizarra de hule y tizas. A veces, las clases eran nocturnas porque algunos solo podían estudiar en ese horario. En la oscuridad, iluminábamos nuestro esfuerzo con lámparas de alcohol encendidas con fósforos. Nos sentíamos felices porque nos recibieron con cariño, y nuestra mejor forma de retribuirlo era compartir con ellos el conocimiento que teníamos”.
Para Lidia, esta experiencia no solo le permitió enseñar, sino también aprender. “Aprendí de los campesinos humildad, valores y hábitos. Me levantaba temprano para ayudar en las tareas del hogar y ellos nos brindaban la alimentación: yuca cocida, tortillas con cuajada… algo que ya conocía porque mi mamá también era del campo. Ella no sabía leer ni escribir, pero sí sabía hacer cuentas matemáticas. Recuerdo que nos decía: ‘Yo no pude estudiar porque nuestros padres solo trabajo nos recetaron, pero quiero que ustedes aprendan y tengan otra vida’. Éramos nueve hermanos y todos estudiamos”, señala emocionada.
En sus recuerdos persiste el deseo de enseñar con amor y dedicación a quienes tenían la necesidad de aprender, pero no contaban con una escuela. “Habían sido privados de la enseñanza y solo se dedicaban a la agricultura para sobrevivir. Para estudiar, tenían que viajar a la ciudad y no todos podían costearlo. No había escuelas en esas zonas y era difícil que enviaran a sus hijos a estudiar porque los necesitaban para el trabajo en el campo”.
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El Somocismo dejó un país sumido en la ignorancia, con un 50.3% de analfabetismo a nivel nacional y departamentos como Río San Juan, con índices de hasta 96.32%. Ante esta realidad, Lidia recuerda con firmeza: “No se preocuparon porque el campesinado aprendiera a leer y escribir. Así podían envolverlos, estafarlos, robarles sus tierras, quitándoles todo lo que por derecho les pertenecía. Hacían al rico más rico y al pobre más pobre”, señala con indignación.
Con orgullo, destaca el papel del Frente Sandinista en esta gesta heroica. “Carlos Fonseca le prometió a los campesinos que cuando el Frente Sandinista llegara al poder, los ayudaría, y lo logró. Fue algo muy fructífero para la población. Cumplió su lema ‘¡Y también enséñenles a leer!’. Esa lucha no terminó ahí, sigue actualmente, motivándonos a actualizarnos porque necesitamos estar al día con las nuevas tecnologías”.
La despedida de la comunidad quedó grabada en su corazón. “Fue difícil. Había sentimientos encontrados, de alegría y tristeza. Las lágrimas rodaron por nuestros ojos. Fueron cinco meses lejos de nuestras casas. Nos montamos en los camiones, cantando consignas con el puño en alto: ‘¡Viva el EPA!’, ‘¡Viva el Frente Sandinista!’, con un profundo sentimiento de satisfacción y orgullo por haber cumplido nuestra meta”.
Aquella gesta marcó su vocación de por vida. Inspirada por su experiencia, Lidia se formó en secretariado y docencia, dedicando 37 años a la enseñanza. Hoy, desde el Centro Tecnológico Rolando Rodríguez en Chichigalpa, sigue transmitiendo conocimientos y valores a las nuevas generaciones de estudiantes de bachillerato y educación técnica. Su historia demuestra que la educación transforma vidas y que, gracias a la Cruzada Nacional de Alfabetización, ella pasó de llevar luz a quienes vivían en la oscuridad del analfabetismo a formar profesionales técnicos que contribuyen al desarrollo del país.
Con seguridad y orgullo, concluye: “Si volviera a ese momento, lo haría nuevamente sin dudarlo. Sigo sintiendo la misma pasión por educar, cumpliendo con el legado de Sandino y de Carlos”.
Su historia es un testimonio vivo de que la educación es un pilar fundamental para el progreso de Nicaragua. Desde la alfabetización hasta la enseñanza técnica, Lidia ha sido parte de un proceso transformador que sigue vigente. Su vocación y compromiso son el reflejo de una nación que apuesta por el conocimiento como herramienta de cambio, demostrando que cada maestro, cada estudiante y cada historia forman parte de un legado que ilumina el futuro de Nicaragua.