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Más de 3 décadas dejando huellas en el Centro Tecnológico Rolando Rodríguez

Chichigalpa | Karla Rivas | 03.07.2026 | 09:19

Más de 3 décadas dejando huellas en el Centro Tecnológico Rolando Rodríguez

Durante 31 años, don Reynaldo Ireneo Castillo Mayorga fue mucho más que el guarda de seguridad del Centro Tecnológico Rolando Rodríguez González, de Chichigalpa, compañeros de trabajo y generaciones de estudiantes lo recuerdan como un hombre respetuoso, responsable y trabajador. Para muchos, fue el primer rostro que encontraron al llegar al Centro y, en más de una ocasión, fue la persona que les brindó un consejo en el momento oportuno.

Su historia creció junto a la del Centro Tecnológico, Ingresó en octubre del año 1994. “El INATEC inició donde es ahora el Instituto Víctor Manuel Soto, la institución funcionaba con apenas dos aulas y ofrecía solamente administración y contabilidad, después se trasladó de la Alcaldía 40 mtrs al norte, fui testigo de su transformación, vi cómo las antiguas máquinas de mecanografía fueron reemplazadas por computadoras, antes se usaban pizarrones verdes, tizas y borradores, actualmente se amplió la infraestructura y la oferta académica, las condiciones para los estudiantes, docentes y personal mejoraron con el paso de los años, para brindar una mejor educación, gracias a nuestro Gobierno”, recordó.

Antes de llegar al tecnológico don Reynaldo comenta: “Trabajé en el sector azucarero y también presté servicio en labores de seguridad pública, me incorporé al Servicio Militar Patriótico, serví a mi país, y después de estar desempleado un buen tiempo, recibí la oportunidad de trabajar al INATEC”, una decisión que, asegura, marcó el rumbo de su vida laboral y le permitió sacar adelante a su familia.

A lo largo de tres décadas entendió que su labor iba mucho más allá de cuidar las instalaciones. Siempre procuró escuchar a los jóvenes, especialmente a quienes enfrentaban dificultades familiares o económicas. Desde su propia experiencia los motivaba a no abandonar sus estudios y a aprovechar la oportunidad de prepararse. "El joven necesita ánimo y alguien que lo escuche; un consejo a tiempo puede hacer la diferencia", expresó.

Don Reynaldo también considera que ser guarda significa servir con compromiso, explica: “Ser guarda es un trabajo de sacrificio, largas jornadas en soledad por las noches, vigilar bajo la lluvia, recibir alguna mala respuesta de alguien impuntual, es un trabajo de mucha responsabilidad”. Al despedirse, dejó un mensaje para quienes continúan desempeñando esta labor: trabajar con responsabilidad, respeto y espíritu de servicio, entendiendo que cada acción contribuye al bienestar de la comunidad educativa. También agradeció la oportunidad de haber formado parte de una institución dedicada a transformar vidas a través de la educación técnica.

Tras 31 años de servicio, don Reynaldo se jubila con la satisfacción de haber dejado una huella que trasciende su puesto. Más que resguardar un portón, dedicó su vida a cuidar personas, orientar a los jóvenes y servir con humildad, un legado que hoy permanece en la memoria de quienes compartieron el camino con él.

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